TEXTOS

Casa Wabi

 

El muro que une arte y comunidad

 

Una línea dibujada en una hoja de papel convirtió Casa Wabi en una realidad. Tadao Ando comenzó a esbozar la fundación a partir del muro de 350 metros que lo vertebra.

Aunque el arquitecto japonés nunca antes había diseñado nada igual, la insistencia de Bosco Sodi hizo que dejara su escepticismo a un lado. Sobre una playa mexicana, la imponente presencia del muro marca una fuerte división entre norte y sur, playa y montaña, lo privado y lo público, la galería y la residencia.

Para Bosco, en cambio, el proyecto había comenzado mucho antes, mientras realizaba la primera de varias residencias de arte en Japón. Fue entonces cuando quedó fascinado por la impronta que Tadao Ando había dotado a varios museos del país. Bosco le explicó su idea. Quería construir un lugar en el que dar cabida y cobijo a artistas que intervinieran de manera directa en la comunidad. De algún modo, buscaba despojar al arte de su faceta más superficial y adquirir un compromiso social en un ejercicio que, en su opinión, todo artista de éxito debe realizar.

Puerto Escondido, un pequeño pueblo costero de pescadores situado en la costa de Oaxaca, era el escenario perfecto para desarrollar un proyecto no solo profesional sino personal. La familia de Bosco lo conocía muy bien ya que tenía en dicha región un refugio al que, desde hacía décadas, acudía al reencuentro con la sencillez de un paisaje en calma, lejos de la agitación de la gran ciudad.

En 2014, Casa Wabi abrió sus puertas como una fundación de arte cuyo eje principal es la educación de la comunidad. Gerardo Guevara, historiador y sociólogo, realizó un estudio antropológico para medir el área de impacto al que dirigir su mensaje y determinó un radio de acción a poblados a diez minutos de distancia. Cuando los residentes llegan, no se les pide obra propia sino que desarrollen un plan con los habitantes de la zona.

A un lado del muro, rodeado de cactus y salpicado por la brisa del mar, la fundación cuenta con capacidad para recibir a seis artistas al mismo tiempo. No existen convocatorias abiertas ni concursos o becas, sino que es Casa Wabi quien invita a aquellos creadores que puedan aportar algo tanto a otros artistas como a la población local. Una condición que no limita sino que amplía el espectro entre chefs, músicos, bailarines o escritores. Además, el equipo de la fundación combina la estancia de jóvenes autores con nombres consolidados. Una mezcla que enriquece el resultado y del que confluyen diálogos, proyectos e innumerables colaboraciones. El espacio se compone de un bungalow para cada residente, dos estudios de trabajo de grandes dimensiones y otros seis estudios abiertos que invitan al intercambio fluído entre artistas.

Hecha de hormigón y palmas secas, la inspiradora belleza de Casa Wabi fue edificada con los elementos tradicionales de la zona. El estilo directo, simple y sin pretensiones de Tadao Ando, que conquistó a Bosco, demuestra que las grandes obras se construyen con los materiales más sencillos. El juego con la luz y las sombras es, junto al jardín escultórico, un ejercicio de humildad estética.

La entrada a Casa Wabi se realiza a través en la palapa principal. En ella, las áreas comunes, la cocina, el salón, una sala de televisión y una de juegos, comparten techo junto a las estancias que Bosco y su familia habitan cuando visitan la fundación.

La galería, al otro lado del muro, recibe una exposición al año de los artistas contemporáneos más importantes. A través de ella, la casa mantiene contacto con creadores de todo el mundo a los que admira y cuyo imaginario muestra orgullosa a los habitantes de la zona. Un viaje al que también se une el programa de cine, cuyo ciclo itinerante lleva el séptimo arte a las localidades aledañas. La mirada de Casa Wabi también transita la cultura mexicana. Con el recién estrenado programa dedicado a las técnicas de barro, se busca preservar la tradición entre las nuevas generaciones y retomar el uso de piezas de cerámica y otros utensilios domésticos. El horno ocupará un espacio propio en un pabellón cuyo diseño está realizando el arquitecto portugués Alvaro Sisa.

El anhelo de Bosco Sodi por educar al pueblo a través del arte es una realidad en Casa Wabi. En poco más de un año, la fundación ha llevado a cabo una inmensa labor de la mano de unos sesenta artistas de todo el mundo. Residentes y habitantes trabajan juntos en un diálogo inagotable e impredecible, dando a la creatividad un significado absoluto. Los alrededores de Puerto Escondido contemplan la casa como un lugar en el que desarrollar nuevas ideas. Los jóvenes acuden a la fundación para proponer nuevos talleres y proyectos.

La huella que la fundación ha dejado en las comunidades, también ha marcado la vida del equipo de Casa Wabi. Repartido entre Puerto Escondido y México DF, la fundación es un oasis en el que han aprendido que hay cabida para otros enfoques y propósitos en el mundo del arte mas allá de la venta o la exposición. La fundación es ahora una pequeña gran familia que desde un pueblo de pescadores trabaja a ambos lados de un muro que en el lugar de separar, une arte y comunidad.